EL PAISAJE PREHISTORICO DE LA ZONA PIRINEO.-

 

Son de la prehistoria restos hallados en diversos sitios y lugares de la Zona Pirineo. El más antiguo el hacha-raedera hallada en Lumbier y correspondiente al Paleotico inferior. La cueva de Zatoya en Abaurrea Alta/Abaurregaina y el esqueleto de la cueva (abrigo) de Aizpea en Aribe dan testimonio de la presencia humana desde el Paleolítico superior y del Neolítico  (10.000 - 5.000 años a.c.).

 

 

Recientemente, el 20 de noviembre del año 2017, se encontró al "hombre de Loizu", el esqueleto completo de un hombre, hallado en una cueva de esta localidad del valle de Erro, que data de hace 11.700 años.

 

 

Loizu (Erro). Mandíbula superior  del esqueleto del "Hombre de Loizu" (Foto: Luis Teira).

 

 

Pero son los restos de la edad de los metales, en la Edad del Bronce y en la del Hierro, los que indican la generalización de la presencia humana por toda la zona. Así lo atestiguan los monumentos megalíticos del bronce y los poblados del hierro identificados en la zona.

 

 

El Megalitismo

El término megalitismo procede de las palabras griegas mega (grande) y lithos (piedra). Con este nombre se designa a un movimiento cultural  que se caracteriza por construcciones arquitectónicas con grandes bloques de piedra, llamados megalitos, que se dio desde finales del Neotico hasta la Edad de Bronce en Europa, fundamentalmente en su parte Atlántica pero también en el Mediterráneo.

 

Tipos de Monumentos Megalíticos

La tipología megalítica existente en Navarra la componen:

El dolmen (en bretón y galés = mesa grande de piedra) es una construcción hecha con varias losas de piedra (ortostatos) colocadas en posición vertical formando un rectángulo y otra losa apoyada sobre ellas en posición horizontal, cubriendo todo el recinto. El conjunto conformaba una cámara, generalmente incrustada en un túmulo de tierra y de piedras que la cubrían totalmente y que, además, servían para sujetar las losas y para la elevar la cubierta durante la construcción haciendo las funciones de plano inclinado. Algunos dólmenes estaban rodeados por un círculo de piedras, denominado: peristalito.

Dolmen de Ziñeko Gurutze, en la Sierra de Aralar. Conserva la cámara incrustada en el túmulo.

 

La robustez de su construcción ha contribuido a que numerosos dólmenes hayan perdurado hasta nuestros días, unos en mejor estado de conservación  que otros. Con alguna excepción, en la mayoría de ellos el túmulo se encuentra rebajado, dejando la camara o lo que queda de ella al descubierto. En muchos de ellos son evidentes las huellas de haber sido saqueados y destruidos a lo largo de la historia por la creencia popular de que en su interior se ocultaban grandes tesoros o porque sus materiales han sido reutilizados con otros fines.

 

El Cromlech (del galés y bretón. Crom = arco, círculo; lech = piedra) está constituido por un círculo de piedras, hincadas en tierra. En algunos de ellos la altura de las piedras es tal que son auténticos menhires.

 

Existen unos que en su interior albergan un túmulo, denominándose cromlechs tumulares. Otros tienen en el centro una cista (pequeña cámara de piedras) en la que se depositaban las cenizas de las incineraciones.

 

Existen cromlechs que por su monumentalidad, magnitud, ubicación y orientación hacen pensar a los investigadores en otras funciones que pudieran ejercer estos monumentos, como observatorios astronómicos, templos de culto, etc. Tal es  caso de Stonehenge.

 

Cromlech tumular en el collado de  Urlegi, en Baztán.

 

 

 

El Menhir (del gaélico Men = piedra, hir = larga) es el monumento megalítico más sencillo. Consiste en una sola losa alargada, colocada verticalmente e hincada en tierra para mantener esta posición.

 

Menhir de Iruñarri en el cordal Erakurri-Mendaur (Eratsun).

 

 

Son varios las funciones que se atribuyen a los menhires. Por un lado de construcciones funerarias, ya que en su entorno se han hallado tumbas con restos humanos, cerámicas y otros elementos. 

 

Por otro lado, los menhires podrían haber tenido un sentido ritual de representación de las divinidades. Tal es el caso de los menhires esculpidos, donde estarían representados los atributos de la divinidad.

 

  Monolito de Soalar. Museo Jorge Oteiza de Elizondo

 

Otras teorías defienden el carácter astronómico, especialmente en los menhires alineados, de acuerdo a la posición de estos.

 

Muchos menhires se encuentran tumbados en el suelo. No obstante, el hecho de que muchos están en dirección E hace pensar en la posibilidad de que se colocaran originariamente en esta posición con algún sentido de ritual funerario, astronómico, direccional, etc.

 

Estos tipos de monumentos megalíticos a veces se encuentran interrelacionados. Así, no es difícil ver un dolmen rodeado de un cromlech o un cromlech en los que destaca por su posición y tamaño algún menhir.

 

Existen, además, otro tipo de restos de la época de los grandes megalitos, como son los Túmulos, Fondos de Cabaña, los Campos Tumulares o las Estelas Funerarias.
 

El menhir de Arguintxo en Baztán.

 

 

El Túmulo  es un montículo de tierra y piedras que contiene una o varias tumbas. Originariamente consistía en un recubrimiento de piedras sobre el cuerpo, pero posteriormente fueron recubiertos con tierra formando en algunos casos verdaderas montañas artificiales en las que se han encontrado, además de restos corporales de uno o varios individuos, ajuar, armas y elementos decorativos.

 

El túmulo de Aguiña en Lesaka (Cinco Villas).

 

A parte de la función ritual funeraria del túmulo, también se le atribuyen funciones sobre la demarcación de los terrenos. La presencia de un túmulo indicaba que el terreno estaba ocupado por un grupo humano asentado en él.

 

En ocasiones aparecen pequeños túmulos ubicados en un mismo espacio de terreno y muy próximos entre sí, como si de un cementerio se tratara. Son los denominados campos tumulares.

Campo tumular de Karete en Aritzu (Valle de Anue)

 

Los Fondos de Cabaña  son pequeños montículos de piedras y tierras, unas veces solitarios y otras agrupados, que corresponden a los lugares donde se encontraban las chozas y cabañas de los miembros del grupo humano que las construían para usarlas mientras duraba la época de pastoreo en esa zona.

Fondo de Cabaña en el Puerto de Areta (Urraúl Alto)

El hecho de que en muchos casos se encuentren en laderas de los montes, hacen pensar que lo hacían así para resguardarlas de la lluvia, viento, etc.  Hay autores que piensan que en estos montículos depositaban aquellos enseres que no podían transportar y los enterraban para esconderlos de otros grupos usurpadores y usarlos en campañas venideras.

Las estelas prehistóricas son piedras grabadas con líneas y dibujos que representan estrellas, guerreros, animales, símbolos astrales, etc. Estas figuras o dibujos grabados en piedra aparecen también en menhires y otras piedras trabajadas con alguna función  específica.

Las de las estelas funerarias, indicadoras de la presencia de sepulturas, son la expresión de que en la cultura de los dos últimos milenios A.C. la idea del más allá de la muerte está muy presente en la sociedad que poblaba estas tierras.

Estelas de La Custodia halladas en Viana (Navarra). A la derecha la representación gráfica de las dos estelas. A la izquierda fotografía de la primera en la que se percibe un caballo en la parte inferior

 

Los monumentos megalíticos en Navarra.
 

La casi totalidad  de los monumentos megalíticos catalogados en Navarra se encuentran en las zonas montañosas de los valles y sierras de la mitad N de la comunidad foral, siendo muy pocos los que se hallan  en zonas por debajo de aquellas. Así, en la Zona Pirineo se encuentran por todos los valles, excepto en las cuencas prepirenaicas, ocupadas por las municipios de Lumbier, Monreal, Izagaondoa, Unciti  Ibargoiti .

 

Las zonas magalíticas de Navarra que están distribuidas por los valles de  la Zona Pirineo son las siguientes:

 


https://www.megalitos.es/textos/2navarra.htm
 

La construcción de los monumentos megalíticos.

 

La construcción de los monumentos megalíticos presuponía una serie de condiciones en las comunidades neolíticas para poder llevarlas a cabo.

 

En primer lugar, capacidad de organización social para generar un considerable esfuerzo colectivo. El procedimiento para la construcción de estos monumentos se basaba en una importante cantidad de mano de obra que de forma conjunta y ordenada realizara cada una de las tareas establecidas. Si estos grupos humanos fueron capaces de construirlos es porque disponían de esta capacidad.

 

En segundo lugar, el empleo de tanta mano de obra colectiva era posible por la existencia de cierta división social del trabajo y por la generalización de la ganadería y de la agricultura en las comunidades neolíticas. De esta forma, mientras unos miembros de las comunidades obtenían alimentos y pieles trabajando la agricultura y ganadería, otros podían dedicarse a estas tareas. Además, la agricultura no requería una dedicación constante, por lo que fuera de los tiempos de siembra y recolección, podían disponer de más mano de obra para estas construcciones.

 

Yacimiento rocoso  en el monte Turendo, Navascués, en las proximidades de los dólmenes de Ollate.

 

En tercer lugar, estas construcciones requerían un determinado nivel tecnológico. Se construían generalmente en lugares cercanos a yacimientos rocosos agrietados. Para la extracción de las losas y el tallado de la forma requerida eran necesarias herramientas básicas: hachas y mazas de piedra, cuñas de piedra y de madera seca, uso de fuego y agua para favorecer el resquebrajamiento de las rocas mediante el cambio térmico de las mismas, etc.

 

Para el transporte de las losas hasta el lugar de elegido disponían de elementos tales como el trineo, el rodillo de troncos, sogas y, sobre todo, gran cantidad de tracción humana para empujar la carga.

 

Las losas verticales las colocaban en esta posición mediante la excavación de fosas en las que enterraban la parte inferior de ellas. Para levantarlas y colocarlas en su lugar utilizaban sogas y palancas. La cubierta de los dólmenes era la más complicada. Para elevarla y colocarla en su lugar y posición utilizaban el plano inclinado formado con el túmulo de tierra y de piedras que cubría todo el dolmen.

 

Gráficamente expuestos, y simplificando el proceso, los pasos para la construcción de un monumento megalítico, en este caso un dolmen, serían los siguientes: serían los siguientes:

 

 

 

1.- La extracción y preparación de las losas

 

2.- Transporte hasta el lugar de construcción del monumento:

 

3.- Colocación de las losas verticales. Estos pasos serían comunes para todos los monumentos.

 

4.- Levantamiento de un túmulo (plano inclinado) de piedras y tierra a la altura de la cubierta.

 

5.- Transporte y colocación de la cubierta

 

6.- Cubierta de la cámara cerrando el túmulo de piedras y tierra

 

 

Javier Enríquez Navascués. El dolmen de Lácara. Editora Regional de Extremadura. Gabinete de Iniciativas Transfronterizas. Págs. 23-25. ( http://www.portanta.com/html/body_reference_material.html (DR 5/06/2018).

 

Tipos de dólmenes 

 

Existen diferentes tipos de dólmenes, de acuerdo a su estructura, tamaño  y configuración. Los dólmenes existentes en Navarra se configuran dentro del grupo de dólmenes conocidos con el término genérico de “Dólmenes Pirenaicos”. Estos son de dimensiones reducidas en relación a los dólmenes de otras regiones de España (Vg.: Andalucía, Extremadura, Alava, etc.) y de estructura y construcción más sencilla. De acuerdo a  la estructura de la cámara, los dólmenes de Navarra se clasifican en la siguiente topología:

 

Dolmen corto abierto. Dolmen de Larrazpil

Cámara rectangular compuesta por tres losas: dos laterales y una de fondo o cabecera. Planta e imagen del dolmen de Larrazpil en Madoz  en (Valle de Larraun).

Dolmen de Larrazpil

Dolmen corto cerrado. Dolmen de Illuneta Arrate

 

Cámara rectangular compuesta por cuatro losas: dos laterales, una de fondo o cabecera y otra de cierre o trasera. Planta e imagen del dolmen de Illuneta Arrate (Sierra de Aralar).

 

 

 

Dolmen de Illuneta Arrate

 

 

Dolmen largo abierto: Dolmen de Sakulo

Cámara compuesta por al menos cinco losas: cuatro laterales, dos a dos, y otra de fondo o cabecera. Planta e Imagen del dolmen de Sakulo en Isaba (Roncal).

 

Dolmen de Sakulo (Interior cámara)

Dolmen largo cerrado: Dolmen de Olaberta

 

Cámara compuesta por al menos seis losas: cuatro laterales, dos a dos, otra de fondo o cabecera y otra de cierre o trasera. Planta e Imagen del dolmen de Olaberta (Sierra de Aralar).

 

Dolmen de Olaberta

Dolmen largo abierto con corredor.
Dolmen de Arrako

 

Añade al dolmen largo abierto un corredor ante la entrada compuesto por varias losas, colocadas paralelamente dos a dos. Planta e imagen del dolmen de Arrako en Isaba (Valle de Roncal),

Dolmen de Arrako

Dolmen largo cerrado con corredor.
Dolmen del Portillo de Enériz

 Añade al dolmen largo abierto una losa de cierre de la cámara con una perforación grande para permitir el acceso. Planta e imagen del dolmen del Portillo de Enériz (Artajona)

Dolmen del Portillo de Enériz

 

Hipogeo. Lóngar

 

Exteriormente similar al dolmen cerrado con corredor. Tiene la particularidad de que la cámara se encuentra excavada total o  parcialmente en la tierra  o en la roca circundando el espacio un muro de pequeñas piedras con forma de herradura sobre el que se apoya la cubierta.

 

En Navarra existe uno, el Hipogeo de Longar, en Viana ( Navarra), descubierto en 1.985, excavado en la última década del S. XX y en el que se encontraron más de ochenta cadáveres. Planta e Imagen del Hipogeo de Longar.

Hipogeo de Lóngar

Hipogeo de Lóngar

 

Los Poblados de la Edad del Hierro (PEHs)

 

La Edad del Hierro se desarrolló  durante el último mileno a. c. y lo hizo en dos etapas, Edad del Hierro 1 y la Edad del Hierro 2. La primera lo hace en la primera mitad del milenio (900 - 400 a.c.) y la Edad del Hierro 2 durante la segunda mitad (400 - 100 a.c.).

 

 

 

Esta diferenciación se hace en base a la cerámica hallada. En la Edad del Hierro 1 era más tosca, se fabricaba a mano, era de color pardo/negruzco, con ejemplares que mantenían las hechuras celtas del Bronce Final.

 

 

 

Vista del recinto amurallado del PEH del Castillo de Gorráiz (Valle de Arce).

 

 

 

 

 

Simultáneamente aparecieron cerámicas con formas y decoraciones más avanzadas que provenían de los pueblos que comenzaban a llegar de centroeuropa.

 

 

Edad del Hierro 1. Trozos de tosca cerámica en el paraje de Irisarri (Monreal/Elo).

 

 

En la Edad del Hierro 2 se introdujo una nueva forma de fabricar la cerámica proveniente de la cultura ibérica, en la que el uso del torno permitía nuevas formas de moldear la vajilla, ahora de color más claro y de mayor tamaño, con sencillas decoraciones pintadas. Esta segunda cerámica es abundante en la Ribera y casi inexistente en la Montaña.

 

Edad del Hierro 2. Trozo de vasija  de cerámica en Txitxibar (Ozcoidi - Urraúl Alto.

 

La Edad del Hierro se caracterizó por un incremento importante de la población, debido básicamente a las inmigraciones provenientes en un primer momento desde el mediterráneo a través del Ebro hasta las zonas de la Ribera de Navarra y desde el N. a través de los pasos pirenaicos. Los primeros aportaron los rasgos iniciales de la cultura ibérica, los segundos de  los elementos de la cultura celta. Posteriormente, avanzada la Edad del Hierro 1, se incrementaron notablemente las inmigraciones por el mediterráneo, imponiéndose la cultura ibera que ocupó la mayor parte del territorio.

 

Todas estas migraciones provocaron continuos recelos y reyertas  por la ocupación y el dominio de los territorios, especialmente los más fértiles. Avanzada ya la agricultura, no era necesario que las tribus, clanes o familias se desplazaran por el territorio en busca de caza o de pastos para sus ganados, ya que asentados en un lugar podían hacerlo en mejores condiciones mediante la agricultura.

 

 

Muralla derruida del PEH de Los Jeronales en Lónguida

 

 

Y surgieron los poblados, pero con una dificultad. Llegaban nuevos pueblos en busca de un territorio donde asentarse. Para defenderse de los  invasores los pueblos asentados comenzaron a construir sus viviendas en lugares de difícil acceso y fácil defensa. Así surgieron los poblados fortificados, también conocidos con el nombre de "castros".Eran poblados emplazados en cumbres de montes, cerros y lugares de difícil acceso, que aprovechaban defensas naturales del espacio, como farallones y fuertes pendientes, que obstaculizaban el acceso a los mismos.

 

 

 

 

 Cumbre de Santa Ágata en Izal (Valle de Salazar) donde se asentaba el PEH de su nombre y del que se percibe la derruida muralla.

 

Las zonas más vulnerables eran defendidas mediante la construcción de fosos y murallas de piedra, de terrazas elevadas reforzadas con empalizadas y  terraplenes,  formando un recinto cerrado. La entrada era doblemente reforzada con estos elementos defensivos. En el interior del recinto, generalmente un espacio amesetado, se construían las casas, generalmente de planta rectangular, con muros de piedra y adobes y cubiertas de ramas con arcillas y tierra sobre ellas. El suelo era de arcilla compactada.

 

Su ubicación en altura les permitía disponer de una amplia visión del entorno para el control del territorio. Además, en sus proximidades siempre había un río que les permitía abastecerse de agua y, en muchos casos, dedicarse a la pesca como medio de ayuda alimentaria.

 

En relación a las investigaciones de estos poblados en Navarra, Javier Armendáriz Martija publicó en el año 2008 un trabajo titulado "De Aldeas a Ciudades. El poblamiento durante el primer milenio a.C. en Navarra" en el que recoge, data y describe 261 poblados de la Edad del Hierro. La mayoría de los poblados que estudia se sitúan por debajo de los valles pirenaicos, prepirenaicos, noroccidentales y de la Sierra de Aralar

 
Distribución en Navarra de los poblados de la Edad de Hierro descritos por J. Armendáriz Martija.

 

 

Por su parte, Juan Mari Martínez Txoperena está dedicándose últimamente a la prospección de este tipo de asentamientos. En la página web "Megalitos Pirenaicos. Poblados de la Edad del Hierro" tiene expuestos, (a 30 de Diciembre de 2021), 140 poblados de la Edad del Hierro, cantidad ésta que puede incrementarse en la medida en continúen estas prosfecciones,

 

De forma distinta a J. Armendáriz Martija, J. M. Martínez Txoperena ha realizado sus prospecciones en la mitad N de Navarra. Ello permite, conjugando ambas investigaciones, disponer de una panorámica sobre el mapa de Navarra de la distribución de estos poblados fortificados de la Edad del Hierro.

 

 Distribución de los poblados de la Edad de Hierro de Navarra descritos por J. M. Martínez Txoperena.

 

 

 

 

 

En el recorrido por cada valle veremos en detalle cada uno de estos yacimientos, como pueden ser su ubicación localización y acceso, sus dimensiones y los restos actuales que los compusieron.